Metallica Calidad Garantizada

Por: El hombre de negro

Saludos, estimado lector. El Infierno de Dante en Soy Jukebox dedicará el espacio de hoy 22 de febrero de 2019 a la banda Metallica. ¿Qué no se ha dicho ya de esta mítica, legendaria banda desde sus inicios? Bueno, aquí trataré de poner mi grano de arena, aunque sea para reforzar una apreciación en particular: que todos sus discos valen la pena. No me gustan del todo contados temas de algunos discos, pero no hay disco malo o decepcionante de Metallica, al igual que de Black Sabbath, entre otras bandas.

Quien conoce la carrera de Metallica sabe que inició en el underground y escaló rápidamente, hasta llegar al mainstream en 1986, y a la punta en 1991. Se ha mantenido totalmente visible, para bien y para mal, desde entonces. Es una de las bandas de mayor estabilidad respecto a los cambios de alineación, muy pocos a lo largo de 38 años (uno en particular forzado por la tragedia). También su carrera discográfica es relativamente breve: apenas diez discos en estudio en el mismo periodo. Una enorme controversia y división entre críticos y seguidores ocurrió con los discos Metallica (1991) y sobre todo Load (1996) y Reload (1997) debido a un notorio giro en la composiciones y, especialmente en el segundo caso, en la imagen de los integrantes.

Primero repasemos rápidamente la trayectoria previa. Son discos que no necesitan presentación y que son fundamentales para el rock en general y el Metal en particular en la década de los 80 y principios de los 90:

Kill ‘Em All (1983). Sonido crudo, agresivo, composiciones elaboradas, veloces y poderosas que llegan a incluir hábiles cambios de ritmo; frenéticos solos de guitarra, sección rítmica potente y rica en matices, todas las ejecuciones de gran precisión y limpieza, una voz potente y rasposa perfectamente acorde con todo lo anterior; actitud retadora, desempeño escénico electrificante, aunado a una buena producción. La mayor parte de estos elementos se han mantenido hasta la fecha, enriquecidos por la madurez paulatina de los integrantes. Me gusta el álbum completo, pero para mí la joya es Whiplash.

Ride the Lightning (1984). ¡Qué manera de iniciar!, ¡qué manera de continuar!, ¡qué manera de concluir! Amo este disco hasta la médula. Me cambió la vida. Las composiciones fueron enriquecidas y mejoraron en todo sentido, se hicieron más oscuras, más pesadas y más épicas. Una joya absoluta del Metal.

Master of Puppets (1986). Mismos integrantes, más cohesionados y consolidados. Otra joya, considerado uno de los mejores discos en la historia. Punto. Desgraciadamente, durante la gira el bajista murió en un accidente. Cliff Burton fue en gran medida responsable del crecimiento musical de la banda desde el disco anterior.

***The $5.98 E.P.: Garage Days Re-Revisited (1987). Álbum de covers, con el cual la banda presentó a su nuevo bajista, Jason Newsted. Temas de bandas de finales de los 70 y principios de los 80 à la Metallica. Espléndidas versiones. Con este material no sólo rindieron tributo a esas bandas (lo cual se repetiría más adelante, con el doble Garage Inc. [1998]), también aportaron variedad a su sonido y, por supuesto, a sus conciertos.

…And Justice for All (1988). Newsted y la banda se entendieron y eso queda claro al escuchar el disco, que es -perdona la insistencia, estimado lector- otra joya, apreciada por seguidores y críticos. Una diferencia notable respecto a los discos previos es la pobreza de la producción, que afectó especialmente el volumen del bajo. El primer video de la banda fue dedicado al extraordinario tema One.

Fue con Metallica (1991), mejor conocido como el álbum negro, que ocurrieron tres cosas: 1) la banda introdujo un sonido más “suave” y “comercial” en algunas de las composiciones, con lo cual 2) ganó una enorme cantidad de nuevos seguidores porque esos temas fueron ampliamente difundidos y gustaron – ejemplos: Enter Sandman, The Unforgiven y Nothing Else Matters; y 3) perdió parte (ignoro en qué medida) de sus seguidores más leales, pues consideraron que ese giro los alejaba de la trayectoria previa (trash, heavy, prog metal), lo cual era inadmisible. En términos comerciales y de mainstream, el disco y la gira ¡de tres años! fueron el punto más alto para la banda. Gracias a esa gira llegaron a México para ofrecer cinco inolvidables conciertos en el Palacio de los Deportes – la histórica visita quedó registrada en el magnífico Live Shit: Binge & Purge – Mexico City (1993). Grandioso disco, no hay duda.

Load (1996). De hecho, originalmente sería un disco doble, pero decidieron dividirlo para no tardar demasiado en grabar todos los temas y lanzarlo, y para no saturar a los escuchas. Este disco causó desconcierto total, debido a que la banda se dio oportunidad de experimentar, de ejercer su libertad creadora y dejó más espacio a las mezclas, al rock duro y al alternativo, así como a otras influencias (blues, por ejemplo). Composiciones muy distintas a las previas, con mucho menos rapidez y solos frenéticos… Además, Lars y Kirk se delinearon los ojos en algunas fotos, todos se cortaron el cabello, cambiaron vestuario, hasta el logo… Bueno, el acabose para la base dura. Pero -no está de más decirlo, recordarlo- no perdieron la fidelidad al metal y la calidad del material es innegable. Por ejemplo, The Outlaw Torn es una obra maestra. Eran los mismos tipos expresándose de otra manera… y en el fondo, también de la misma.

Reload (1997). “Segunda parte” de Load, aunque es evidente que está más inclinado al lado pesado – incluso en algunos temas apretaron un poco el acelerador (sin embargo, en definitiva, no como antes). Quizá por ello se le tituló Recarga, lo cual a su vez generó expectativas. Pero desde la portada el mensaje era claro. Así, es comprensible la decepción de muchos seguidores debido al indiscutible contraste de algunos temas (reconozco que también algunos no me convencen ni disfruto del todo, en particular de esta segunda parte), pero insisto: en general la música es buena, está bien escrita y ejecutada. Quizá si hubieran esperado a tener todo el material para publicar el doble como unidad y hubieran reorganizado la secuencia de las canciones la percepción habría sido menos hostil. O quizá debieron tomar “lo mejor” de cada uno y presentar un solo disco. O quizá las cosas debían ser tal como fueron, no nos compliquemos: era lo que tenían y lo que querían ofrecer. Como pequeña muestra de la polémica generada alrededor de ambos trabajos, véanse comentarios a favor y en contra aquí (en inglés), aquí, aquí , aquí, aquí y aquí (en español), así como en las respectivas páginas de YouTube.

Otra forma de apreciarlos es mediante las presentaciones en vivo, vía discos y videos oficiales y cualesquiera otros medios disponibles. Ejemplos: Cunning Stunts y concierto en Mansfield, USA (1998). La música suele adquirir otra dimensión en directo y Metallica siempre ha sido y será una banda que se disfruta, como pocas cosas, en vivo.

El problema esencial, desde mi perspectiva, consiste en esperar el mismo, o al menos un tipo similar de composiciones en cada entrega. ¡Son músicos, son seres humanos! Todos necesitamos expresar lo que sentimos y pensamos. No siempre veremos las cosas de la misma manera y eso se manifiesta, se refleja en lo que hacemos. A Black Sabbath se le reprocharon los discos posteriores a Sabotage (1975), es decir Technical Ecstasy (1976) y, más que ninguno, Never Say Die! (1978). Me parece que lo mismo sucedió con los discos Load y Reload de Metallica. Nada más injusto y absurdo. Que Sabbath haya regresado a sus raíces de Jazz y Metallica haya decidido experimentar, o que simple y sencillamente se les haya dado la gana dar esos giros a sus composiciones por las razones que fueran, y como consecuencia sonar distinto a los hecho antes no hace automáticamente malos esos discos. Si uno fuera nuevo en el rock -o, para no ir a ese extremo, sólo en la música de Sabbath o Metallica- y escuchara esos discos por primera vez, sin conocer sus antecedentes, estoy seguro de que pensaría que son discos grandiosos, o cuando menos que son muy buenos. De manera similar, si uno, habiendo seguido a esas y muchas otras bandas, es capaz de escuchar esos discos despojándose de los paradigmas construidos a lo largo de los materiales previos, creo que podrá apreciar que hay muy buena música ahí, que podrá revalorarla por sí misma y también dentro del contexto de la obra en general de las bandas y, finalmente, que podrá por fin disfrutarla directamente, sin prejuicios ni culpas.

Malo y/o decepcionante si las composiciones y/o las ejecuciones tienen cambios y/o deficiencias que afectan el sonido característico, como creo que sucedió de forma notoria desde la primera década de los 2000 en dos casos a mi parecer emblemáticos, a figuras cuyos nombres y legados ya estaban -y estarán por siempre- escritos con letras de oro en la historia del rock: por un lado, con las composiciones de Iron Maiden (que, cabe decir, ya mostraba ciertos desgastes desde No Prayer for the Dying [1990]), cuyos giros desde la reunión la alejaron demasiado del sonido característico que me gustaba. Aplicando el criterio descrito arriba, puedo reconocer que esos discos están bien hechos, hay calidad, pero para mí, salvo algunos temas de cada uno, ya no suenan a Iron Maiden y no me gustan. Como nota adicional, sigo sin entender cómo es posible que Maiden nunca haya aprovechado el gran potencial creativo que les brindaba contar con tres guitarristas… ¡Las posibilidades eran inmensas y siempre se han conformado con sonar como si sólo tuvieran dos! Por otro lado, con las composiciones y la ejecución en vivo de Yngwie Malmsteen, paulatinamente fallidos debido a su soberbia, aparente flojera y pésimo manejo (management), que incluso lo han llevado en los últimos años a entregar discos planos y repetitivos, que parecen de meros ejercicios, carentes de buena producción; a no tener cantante y contar únicamente con músicos de acompañamiento – en otras palabras, desde hace tiempo ya no tiene una banda; a ofrecer conciertos lastimeros, con muchos temas incompletos. En estudio, Maiden ya no me sabe a Maiden y Malmsteen ya no me sabe a Malmsteen. Aunque en los discos publicados desde entonces en ambos casos pueden encontrarse buenos temas y momentos, incluso algunos excelentes, son cada vez menos y no puedo reconocerles un solo álbum redondo, o por lo menos disfrutable en general, como ocurría antes. No sucedió, no ha sucedido así, por ejemplo, en las casos de Black Sabbath, Metallica y King Diamond, que siempre me han sabido a ellos, al margen de los caminos seguidos.

Quizá la línea divisoria entre “es malo” y “no me gusta”, que no son equivalentes, no siempre es del todo clara. Sin duda, ayuda estar familiarizado con el rock en general y conocer la trayectoria de la banda en cuestión en particular, para evitar en lo posible los aspectos más subjetivos y los sesgos derivados en nuestra percepción, apreciación y análisis. Hace tiempo leí algo que va más o menos así [refiriéndose a Maiden, pero puede aplicar en muchos casos]: “Pero la culpa es de la banda, por haber hecho discos tan buenos antes”. Creo también que lo mejor de Maiden va de Iron Maiden (1980) a Seventh Son of a Seventh Son (1988); en cuanto a Malmsteen, para mi gusto lo mejor va de Yngwie Malmsteen’s Rising Force (1984) a Alchemy (1999). A final de cuentas, lo que importa es hacer las cosas, lo más posible, con convicción, con pasión, con congruencia, con consistencia. Desde mi perspectiva muy personal, en los años siguientes Maiden y Malmsteen han perdido en diverso grado uno o varios de esos elementos, tal parece que se han conformado en más de un sentido. Me he esforzado por escuchar muchas veces sus discos del 2000 para acá, pero no terminan de gustarme e incluso algunos -sobre todo de Malmsteen- me parecen francamente malos. Pueden, sin embargo, ser de tu agrado en menor o mayor medida, algo siempre respetable. A reserva de tu propia opinión, estimado lector, quizá te interese leer como referencia un debate acerca de la obra de Maiden aquí (incluye algunos argumentos acerca de la de Metallica).

Cada quien sabe qué tan genuino es y ha sido en cada entrega. Creo que la letra de Nothing Else Matters resume todo y es consigna indispensable: (…) Mente abierta para una perspectiva diferente y nada más importa… (…) Por siempre confiar en quiénes somos, nada más importa…   Todavía percibo eso en ellos: Metallica sigue sabiéndome a Metallica.

Para terminar, estimado lector, aquí están los demás discos de Metallica. ¡Disfrútalos todos y no olvides subir el volumen!

St. Anger (2003). Nota rápida, o mejor dicho advertencia: horrible producción. Parece que Ulrich está tocando una batería… de cocina. Fuera de eso, sigue siendo Metallica.

Death Magnetic (2008).

Hardwired… to Self-Destruct (2016).

Hasta aquí por hoy. Pocas bandas, me parece, crean música tan poderosa, energizante y liberadora en un sentido amplio con tal consistencia en el tiempo. ¡Que el Metal sea!

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